miércoles, 23 de mayo de 2012

La puerta

Miré la puerta, era la misma puerta que había estado allí siempre desde que el carpintero la
dibujó en sus sueños. Completa, de madera, la miro y me estremezco. La miro y tengo miedo.

Escucho su sonido, creo que habla, que me llama, desde dentro de sus entrañas. Esas que un
día fueron semilla, raíz, ramas y luego bosque, para convertirse en lo que simplemente es: una
puerta.

Una puerta que tengo miedo de abrir, porque detrás de ella, de las entrañas ahora muertas, se
esconde aquella vida, que me duele, que revive la historia, mi historia, la de aquel árbol, que el destino ahora reúne, su historia con la mía.

Historias de injusticias, de muerte, de dolor. Cuando sin desearlo ni quererlo nos cortaron las
ramas, las raíces, y creímos que allí terminaba todo, la vida, la muerte. Pero él, surgió de nuevo hermosa, ya muerta pero viva, protectora, cuidadora. Y ahora ya hecha puerta me protege de mis miedos.

Porque sé que si no abro la puerta, si no escucho su sonido, si no hago caso a su llamado,
podré seguir mi vida y olvidaremos ambas su historia y la mía.

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