Miró la maleta en la puerta del apartamento. No sabía si quedarse o marcharse. Se sentó en el sillón de la sala y de repente su mente viajó años atrás a aquel momento, hacía 24 años.
Había llegado a la casa de él a buscarlo. Apenas tenían un par de meses de saliendo y habían acordado que sólo serían amigos. Aún le daba un poco de vergüenza subir las escaleras y tocar la puerta de su casa. Ella era quien tenía carro porque él era un simple estudiante universitario y ella ya estaba graduada.
Al tocar la puerta lo vio salir con una canasta en la mano. Lo miró extrañada, pero lo siguió escaleras abajo hasta el auto. Cuando estuvieron dentro del carro, ella lo miró interrogante y él le dijo: “vamos a un picnic nocturno”. “¿Un Picnic nocturno?”, pensó: “¿pero qué rayos es esto?, con que loco se le había ocurrido salir”
Aunque no le convencía mucho la propuesta condujo hasta el Mirador, eran las 8 de la noche y efectivamente, él pretendía hacer “un picnic nocturno”.
Buscaron un lugar cerca no muy lejos de la calle, él abrió un mantel, encendió unas velas, descorchó una botella de vino y fue sacando quesos, jamones y pan rebanado sobre una tabla. Sirvió el vino en los copas y brindaron. Después de un rato de tomar vino él le dijo que ya no quería ser más su amigo, se había enamorado de ella y quería que fueran novios.
Ella lo miró asustada, no eran esos sus planes. no sabía como reaccionar, si seguirle la corriente o simplemente decirle: “mira creo que te has equivocado de persona, no me parece que pueda convivir con este tipo de excentricidades en mi vida”. Pero de repente lo miró, el vino le había producido un leve mareo, y se dejó vencer por el romanticismo y le dijo que si, luego vería como sacárselo de encima. Nunca pensó que aquel sí duraría 24 años.
Su mente regresó al presente. Hoy, 02 de junio, volvían a su mente aquellos recuerdos. Había tardado 24 años en darse cuenta que había sido un error aquel sí. Y de repente sentía que había perdido demasiados años de su vida...
Miró de nuevo la maleta y pensó que si él llegaba de nuevo con alguna de sus locuras y excentricidades volvería a convencerla de quedarse, debía huir lejos ahora que podía, pero seguía allí, como pegada en aquel sillón esperando. Con las misma sensación que había que había experimentado aquella noche en el picnic nocturno, cuando dijo que sí sin pensar lo que hacía.
Fue, es y será un error, se dijo. Logro despegarse del asiento. Tomó su maleta y salió de la casa, dispuesta a no aceptar nunca mas otro picnic nocturno.
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