miércoles, 29 de febrero de 2012

Viaje a la playa


Decidimos viajar con un plan repleto de improvisaciones. No nos importaban mucho los detalles, en realidad no nos importaba nada. Sabíamos dónde nos íbamos a quedar y cómo transportarnos. Eso era suficiente. Esta vez no iba a analizar nada, nuestro viaje sería a como el momento lo decidiera.

El primer día, nos quedamos en la habitación. Desempacamos nuestro equipaje y colocamos todo en su lugar. Nos dimos cuenta de que habíamos olvidado muchas cosas. Algunas básicas como el agua, otras tal vez no tan necesarias como un botiquín para primeros auxilios. Pero yo no estaba preocupado, ella mucho menos. 
Habíamos decidido que no íbamos a planificar nuestro viaje. Nuestra idea fue que una vez estuviésemos allá, compraríamos las cosas que pudieran faltarnos y resolveríamos cualquier situación que surgiera. 

Al día siguiente llegamos a la playa. Infinidad de granos blancos de arena cubrían una amplia costa entre dos montañas. Un suave sonido se desprendía del mar y viajaba con el viento. Colocamos nuestras toallas en la arena. Nos acostamos a deleitar nuestros sentidos con las vistas y los sonidos, y a disfrutar del roce de nuestra piel contra el viento. Aspiré alegría, espiré los problemas y el estrés de la ciudad. No había pensado en el amor, pero cómo no enamorarse cuando están todos los medios.

El día transcurrió entre dormir y sumergirnos en el agua. Entre abrazos y palabras de te quiero. Así, como improvisamos nuestro viaje, el amor llegó sin preguntarnos, sin complicaciones, sin miedo. Siempre pensé que planificarlo todo era lo correcto, pero las mejores cosas me han llegado sin esperarla y con un poco de tiempo.

viernes, 24 de febrero de 2012

Ira

Era una mujer irascible. Parecía una pólvora que explotaba con la chispa más insignificante. Hoy regresaba como una fiera hacia la casa, estaba enojada por algo que él había hecho. Lo iba a insultar como nunca. Sentía que la sangre le hervía por dentro, estaba llena de ira y necesitaba descargarla urgentemente. Cuando llegara a la casa, él le escucharía todo lo que tenía que decir, ¿qué se había creído? ¿Qué podía hacer las cosas como le diera la gana? 

Al entrar, dio un portazo y se dirigió a la habitación. Lo vio desde la puerta. Él estaba en la silla como si estuviera esperándola, tenía a su lado una maleta.

Ella lo miró sin comprender. Él se levantó de la silla, le entregó una carta en la mano, le dio un beso. Tomó su maleta y se marchó.

Asombrada miró la carta. Con sus manos temblorosas la abrió y leyó la pequeña nota que decía: “Me cansé de escucharte peleando todo el día y  todos los días. Me cansé de que no te importe ofenderme, o hablarle mal a cualquiera que esté delante de ti, por cualquier cosa. A partir de hoy búscate otro a quien pelearle. Yo me largo. Te quiero, pero no estoy dispuesto a soportar un día más esta vida” YO

Miró la nota desconcertada. De repente la ira le pasó balance… algún día tenía que ocurrir.

Cable



Cable

Digital
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miércoles, 22 de febrero de 2012

Cisnes de cristal

Jugaba con los objetos de la casa personificándolos y nombrándolos. Moviéndolos de un lugar a otro, caminando o corriendo. Imaginaba que el cisne de cristal era una dama elegante y el candelabro de oro era su galán. Con ambos personajes en las manos, inventaba diálogos y representaba distintos encuentros. Disponía de toda una sala con artículos decorativos para poner a volar su imaginación. Además, contaba con una pequeña alfombra y los muebles, los cuales los utilizaba para recrear distintos escenarios.

La sala era su lugar preferido, pero esto no le agradaba en lo absoluto a su madre. Ella lo regañaba amenazándolo con golpearlo si algo llegara a romperse. Él no hacía caso y seguía en lo suyo, hasta que ella llegaba enojada y lo arrastraba por una oreja hasta la salida de la sala. Inquieto como era, tan pronto la madre se distraía, él regresaba nuevamente a su juego. Olvidando completamente que si lo encontraban en aquel lugar de nuevo, tendría muchos problemas.

Un día se asomó a la sala y observó que habían colocado tres nuevos cisnes de cristal. Por sus detalladas terminaciones y el brillo que reflejaban, parecían artículos muy costosos. La madre lo encontró mirando con brillo en los ojos los nuevos objetos e inmediatamente le advirtió sobre el precio y lo amenazó como habitualmente lo hacía. Sin embargo, él poco caso le hizo y tan pronto ella salió de la casa, entró a manosear y a nombrar sus nuevos personajes. Tomó en sus manos dos de los cisnes y correteando por todos lados simulaba que volaban.

Al momento de devolverlos en su lugar, se acercó a la mesa descuidadamente. Tocó ligeramente, con su rodilla izquierda, el borde de la misma. Observó como al otro extremo, el tercero estaba rodando debido al choque. Con el corazón helado, abrió los ojos como si con ellos pudiera detener la caída y sintió que el tiempo se detenía. Por un instante pensó que todo iba a estar bien, el cisne caería en la alfombra y no se rompería. Sin embargo, su mayor miedo se materializó al observar como cientos de pedazos de cristales se desprendían de lo que anteriormente fue un cisne. Lamentablemente había caído unos cuantos centímetros al lado de la alfombra.

Se arrodilló preocupado a buscarle un remedio. Pensó en pegarlos, pero le tomaría un año unir todos los fragmentos. Sabía que su madre se iba a enfurecer e iba pegarle “hasta la muerte”. Así que salió corriendo hacia su habitación y se sentó en una esquina a esperarla. La escuchó entrar y a través de las paredes escuchaba como los pasos se acercaban. Luego se alejaron un poco y él intuía que iba directo a la sala a encontrarse con la situación. Temblaba de miedo en silencio. Entonces con un estruendo escucho un grito que mencionaba su nombre. Los pasos corrían hacía él. Le quedaban “pocos momentos de vida”. Se mantuvo callado en su esquina.

La madre empujó violentamente la puerta de la habitación dispuesta a pegarle, pero al verlo con sus ojos inyectados de terror se paralizó. Por un instante cayó en cuenta que era sólo un niño, jugando con su imaginación. La responsable de todo era ella. Lo había educado por todos estos años y había puesto a su alcance objetos llamativos que invitaban a la imaginación, a los cuales él no lograba resistirse.

Se acercó lentamente a él, se sentó en el suelo a su lado y lloró amargamente junto a su hijo. Ambos habían aprendido una gran lección.

viernes, 17 de febrero de 2012

San Valentin: Un asunto de actitud

Cuando llegaba el 14 de febrero, todo alrededor rebosaba de corazones.  Los periódicos  atosigaban a la gente invitándolos a comprar "algo para ese ser que tanto aman”. Sin embargo, ella había decidido borrar el día de San Valentín de su vida. Se levantaba como cualquier día. No mandaba correos de felicitaciones ni regalaba corazoncitos. No se le ocurría vestirse de rojo, ni siquiera llamar a su mejor amiga. Lo ignoraba abierta y sencillamente.

Hacía tres años, de aquel momento fatídico en que él la había dejado. Así que de repente este año, al levantarse, inmediatamente abrió los ojos recordó que era “el día del amor”. Cuando fue a elegir la ropa, buscó la blusa roja que tenía guardada en el fondo del closet. Fue a su escritorio y rebuscó entre sus papeles una cartulina roja, y se dedicó un rato a cortar corazones y angelitos Cupido de todas las formas y tamaño. Le puso alfileres y los metió en una cajita. “Le regalaría un corazón a todo aquel que se cruzara por su camino”.

Cuando salió de la casa, pasó por la tienda y compró besitos de chocolate de todos los tamaños formas y colores, sobre todo los rojos. Al llegar a la oficina dejó montoncitos de chocolate en todos los escritorios junto con los corazones y cupidos que había preparado, con gran algarabía felicitaba a todos sus compañeros que se quedaban atónitos ante la alegría exagerada y repentina.

Pasó el día parlanchina, iba de escritorio en escritorio contando historias y apenas trabajó. Al terminar el día tenía la sensación de que no importaba lo que pasara de ahora en adelante, su corazón se había vuelto a llenar de amor. Dieron las cinco de la tarde. Se despidió de todos sus amigos. Tomó el ascensor y bajó a la recepción de la oficina.

Salió a la calle y decidió irse caminando a casa, pero antes hizo un alto en aquella cafetería que tanto le gustaba, se tomaría un capuchino con esos rollos de canela que eran una delicia. Mientras esperaba que le sirvieran, aquel hombre se acercó a la mesa, ella levantó la cabeza como si lo hubiera estado esperando: “Usted irradia una alegría propia de un día como hoy, y yo no tengo con quien compartir hoy mi día, ¿Podría acompañarla a tomar un café?”. Ella asintió con la cabeza y siguió sonriendo. En realidad la mayoría de las veces cambiar nuestra actitud hace que nuestra vida dé giros extraordinarios.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Mia

Con una voz suave me preguntó “¿qué tu crees de Mia?” y, desde ese momento supe que algo trascendente iba a suceder. Al darme cuenta de su intención, no le contesté con palabras, pero sí con un gesto. Un gesto que trató de expresar mi poco interés por el tema, aunque por dentro, estaba triste y preocupado. En el fondo sabía que su pregunta, más que para cuestionarme, serviría para informarme de lo que ya había sucedido.

Ella ya había tomado la decisión de regalarla, pero con aquella pregunta, abriría el diálogo para contarme la situación. Me dijo que el doctor nos había recomendado regalarla, debido a la condición de mi papá. También me recordó lo que había pasado la última vez y cómo “Mia” se había comportado. En varias ocasiones, ella había sido la culpable de que él se cayera, ya que jugando alegremente, se le enredaba entre sus piernas.

Traté de no darle mucha importancia a la situación. En realidad, traté de obviarla, hasta que días después un grupo de amigos llegó a mi casa, y yo rápida e instintivamente cerré la puerta para que ella no saliera. Pero claro, ya no era necesario pues ya no estaba con nosotros. Entonces en ese momento comencé a pensar en su ausencia y en la falta que me hacía tenerla. Al final, habíamos compartido doce años, tiempo más que suficiente para haberme acostumbrado y haber realizado muchas cosas por ella.

Lamentablemente las cosas terminaron así y aunque ya no esté con nosotros, siempre estará conmigo.

domingo, 12 de febrero de 2012

Al Pacino



Al Pacino como Jack Kevorkian, inspirado en el film "You don't know Jack"

Lápices Staedtler B, B3, B6. Papel Canson Bristol Smooth.

viernes, 10 de febrero de 2012

¡Algo Emocionante!

Estaba harta de viajar. Cada vez que tenía que volver a subir a un avión pasaba los días antes de su viaje con un humor de perros. La mayoría de las veces le tocaba viajar por trabajo, a veces, pocas en realidad, por placer, pero no importaban las razones había acabado odiando irse de casa.

La realidad era que en sus viajes nunca ocurría nada, le hubiera gustado que algo emocionante pasara. Su vida era una rutina. Pensaba que al menos, si tenía que dejar su casa, algo emocionante debería ocurrir. Las habitaciones de los hoteles solían ser frías, impersonales y aburridas.

Se encontraba en el aeropuerto en la fila para entrar a aduana cuando vio a aquel hombre. Le llamó la atención porque usaba barba y tenía a los lados algunos hilos de plata en su pelo. Él iba delante en la fila. Le gustaban los hombre con barba, así que se detuvo a estudiarlo tratando de que él no se diera cuenta.

Pasó el punto de chequeo, y estaba recogiendo las cosas, cuando se dio cuenta que él había dejado olvidado un pequeño bulto en la correa de la máquina de rayos X. Se apresuró a ponerse los zapatos, recoger todas sus pertenencias y lo alcanzó justo antes de su turno en migración.

— Olvidó esto en la correa — le dijo, entregándole el paquete.
— ¿Cómo sabe que era mío? — le respondió mirándola fijamente a los ojos. Tenía unos ojos color miel hermosos y unas cejas pobladas y negras.
— Porque usted estaba delante de mi — le respondió ahora dudosa de si el paquete le pertenecía.
— Pero pudo haber sido de cualquier otro pasajero — le contestó esta vez con una sonrisa pícara.
— Sé que era suyo porque antes había visto que lo llevaba — le dijo ella un poco avergonzada, sintió como los colores se le subían a la cara.
— Así que me estaba espiando — le dijo ahora con una sonrisa abierta y cada vez le parecía mas atractivo. No sabía que responder.
— Yo… lo siento, en realidad sí, lo estaba observando porque estaba delante de mí — le dijo algo turbada.

En eso le toco su turno de revisión en el punto de migración y ella agradeció que se terminara la conversación. Nunca se había sentido más avergonzada en su vida. En realidad era más bien tímida a la hora de relacionarse, podía mirar a alguien por curiosidad o porque le atraía, pero solía ser muy cuidadosa. Él terminó de chequearse y le llegó el turno a ella. Mientras el oficial la atendía lo vio por el rabillo del ojo detenerse a la salida. Organizaba sus maletas pero no se movió. Cuando ella salió, estaba segura de que la estaba esperando. Con su hermosa sonrisa le dijo:
— Por haber recuperado mi bulto, la invito a un café — lo miró sin poder creer lo que le estaba ocurriendo, y sin encontrar ninguna excusa para negarse.

Fue uno de los momentos más agradables que ella ha recordado en mucho tiempo. Él era un tipo inteligente. Hablaron de su trabajo, de los libros que estaban leyendo, de por qué les tocaba viajar tan frecuente, era una persona realmente adorable. Le preguntó si estaba casada, ella le dijo que no, y él le dijo que estaba comprometido. Cuando llegó la hora en que lo llamaron para su vuelo, se levantó del asiento, le tomó la mano, le dio un beso ceremonioso como los que daban los caballeros de la edad media y le dijo:

— ¿Te digo un secreto? — ella lo miró extrañada y con un gesto de la cara le indicó que sí.
— Dejé el bulto en la correa a propósito, sabía que lo recogerías y vendrías donde mi, así tendría la oportunidad de charlar contigo y no me arrepiento — lo miró sorprendida y avergonzada nuevamente.



Él se marchó sin decir más nada. No le dio su teléfono, ni su correo electrónico, ni le dijo que se volverían a ver. Simplemente dio la espalda y se fue. A partir de ese momento, pensó que en realidad, ¡Cualquier día podía ocurrir algo emocionante en un viaje! Y nunca mas volvió a renegar cuando le tocaba viajar.

miércoles, 8 de febrero de 2012

El charco de agua

Voy caminando por uno de los pasillos de la oficina, cuando miro hacía el suelo y noto que hay un charco de agua. Lo cruzo en puntillas para no resbalarme, pero luego me detengo a observar la situación. Ando un poco rápido porque debo llegar a una reunión, sin embargo me tomo unos cuantos minutos entre buscar todo lo que necesito y limpiarlo. Pienso que es más importante hacer esto y evitar que alguien se resbale a llegar unos minutos tarde a dónde voy. Así que termino y guardo todas las cosas en su lugar. Con esta satisfacción en la cabeza, me dirijo rápidamente hacía mi destino.
Al día siguiente, me encuentro con la misma situación pero con el doble de su tamaño original. Esta vez no tengo presión de tiempo, así que me detengo unos segundos a analizar de dónde surge el problema. Veo que hay una pequeña filtración por la pared y esto me hace dar la vuelta para analizar lo que hay detrás de esta. Una de las tuberías sufrió un pequeño pinche y por tanto está goteando. Visto esto, me dirijo hacía mi escritorio a buscar un pedazo de tela que siempre guardo para limpiar. Se la amarro fuertemente y se detiene el goteo. Remuevo toda el agua del piso y dejo el pasillo limpio pensando nuevamente que alguien pudiera resbalar. Con este pensamiento, me surge uno nuevo cuestionándome por qué nadie lo limpió. Yo no soy el que llega más temprano a esta oficina, así que todos los que pasaron antes de mi pudieron perfectamente resolver esto. Igual, ya la situación está resuelta y por eso no le sigo prestando mucha atención a mis pensamientos.

Un día más y otra vez el charco en el piso del pasillo. Boquiabierto, pienso que esto tiene que ser un plan del cielo o de algún otro compañero para probar mi perseverancia y mi paciencia. De nuevo me surge el pensamiento de que muchas personas cruzaron por aquí antes que yo, así que me pregunto ¿por qué yo tengo que ser el que siempre tiene que sacrificar su tiempo por los demás? esa vez no iba a hacerlo, "que lo limpie otro" pensé. Así que paso cuidadosamente por encima de él, cuidando no mojarme mucho los zapatos ni resbalarme.

Ya sentado en mi asiento, empiezo a avanzar unos cuantos informes. De repente, el celular suena con mi jefe del otro lado. Me pidió que fuera urgentemente a su oficina. Así que me paro de la silla, celular en mano y varios folders en la otra. Camino cinco pasos. Doy la vuelta para girar hacía el pasillo. Y... En dos segundos mi vida se convirtió en imágenes con sonidos. La primera me vi con mis dos pies despegados del suelo. La segunda, hojas volando a todo mí alrededor y el celular por otro lado. La tercera... la tercera, vi el techo de la oficina mientras varias personas estaban mirando como "alguien" finalmente se había resbalado. Nunca olvidando, el sonido que hace un cuerpo al caer en un piso de madera mojado con un charco de agua.





lunes, 6 de febrero de 2012

Multiplied & Flipped Images.

Lo que pasa cuando "flipeamos" o multiplicamos una foto 2 o 4 veces para armar 1 sola imagen.






domingo, 5 de febrero de 2012

Ellen Page


Lápices Staedtler B, B2, B3, B5 y B6. Papel Canson Bristol Smooth. Terminado en aproximadamente 3horas.

viernes, 3 de febrero de 2012

Lograr su deseo

Ella siempre había querido viajar, cuando pequeña, en la adolescencia y mucho más cuando adulta. Fue un deseo que, con el pasar de los años, fue incrementando en su intensidad. Pero ella nunca lo conseguía, ya fuera por cuestiones de dinero o porque no tenía tiempo. Siempre ocurría algo que lo evitaba.
A veces, de tanto pensar en su futuro viaje se frustraba. Se mentía a si misma diciendo “yo no necesito eso” o pensaba: “eso es demasiado dinero”. Pero eso era temporal y al poco tiempo recaía en su deseo. Entonces este cobraba más fuerza.

Un día cualquiera, ella despertó con una fuerte motivación de cumplir su deseo. Para ese entonces, no tenía ni siquiera suficiente dinero para el pasaje aéreo. La escuché decir “no sé cómo voy hacerlo, pero me voy”. Llamó a sus amistades, hizo unos cuantos líos aquí y allá y finalmente amarró su viaje. Movió mar y tierra, sí, pero empacó sus maletas y se fue.

Al llegar de vuelta, decía que no podía describir con palabras la satisfacción de haber cumplido su deseo. Nos dijo que esto significó vencer sus barreras internas. Estaba segura de que si lo hubiera pensado dos veces, no lo hubiera hecho. Sin embargo, viajar,le sirvió para aprender que las cosas no se cumplen con intensiones pero sí con decisiones. Así, lo que quieras, si de verdad lo quieres y pones todo tu esfuerzo en ello, lo logras.

miércoles, 1 de febrero de 2012

El Alfarero


Me encontraba en un momento difícil de mi vida y un amigo me recomendó que fuera a visitar un monje que vivía en las afueras de la ciudad. Después de estar una hora escuchándome, me miró fijamente y me dio una dirección. Me dijo que allí encontraría a un hombre trabajando. Debía quedarme mirándolo detenidamente, y entonces encontraría la respuesta que estaba buscando.

Salí de allí un poco decepcionado, pero me dirigí donde el monje me había indicado. Al llegar al lugar encontré a un alfarero. Me senté a una distancia prudente y lo observé trabajando.

El hombre tomaba un bloque de lodo mojado y lo colocaba sobre un plato que giraba continuamente. De repente, mágicamente de sus manos salía una figura de barro. Luego terminaba de darle forma y pulirlo. Finalmente con un hilo cortaba el barro y separaba la figura perfectamente moldeada.

Mientras estuve allí observándolo, hizo muchas figuras distintas y las fue colocando en una tabla para que se secaran.

Al cabo de una hora. Me levanté del lugar donde me encontraba y me marché. Mientras caminaba de regreso a la casa pensaba, que nuestra vida es como la de un alfarero. La vida es la rueda del alfarero que nunca se detiene. El barro son todos los momentos y circunstancias que se presentan en nuestra vida y nosotros somos los alfareros. En nuestras manos está darle la forma que queremos. Nadie puede darnos las respuestas de lo que debemos hacer en nuestra vida, porque solo nosotros podemos darle forma al barro que se nos ha entregado.