martes, 29 de mayo de 2012

Como hubiera sido la otra historia


La sociedad dominicana esta compungida con los crímenes que se han producido en los últimos días. Como un llamado a conciencia, mi versión de como hubiera sido la historia si la cordura hubiera estado presente: La otra historia del asesinado de Bella Vista Mall

Felipe estaba muy enojado, había estado tratando de localizar al compadre desde hacía varias semanas pero él le estaba rehuyendo. Finalmente había accedido a juntarse en el mall de Bella vista, en el área de comida. Habían quedado a las 5 de la tarde. Hacía rato que rondaba por el área, así que para controlar los nervios decidió sentarse y pedir un café.

El compadre era el hermano de su mujer. Todo el problema había comenzado con aquel viaje que tuvo que hacer a Puerto Rico a comprar ropa para la tienda que tenía en su pueblo San Cristóbal. Al llegar su mujer lo esperó con cara compungida,  le contó que su hermano había llegado con unos líos económicos que no sabía como salir y necesitaba un millón de pesos. Cuando su mujer le había dicho que él no estaba y no sabía como ayudarlo, el compadre había sugerido que le prestara el título de la propiedad que ellos tenían. La hipotecaría y le prometía pagarle sin que Felipe se enterara. La mujer había accedido, pero después se dio cuenta de la tontería que había cometido y al llegar le contó todo.

En principio se había enojado mucho, pero luego el compadre lo tranquilizó diciendo que le pagaría. Eso fueron solo promesas ahora tenía 6 meses que no pagaba el préstamo y el había tenido que hacerse cargo para no perder su propiedad.  Estaba desesperado y fue entonces cuando decidió reunirse con él y enfrentarlo.

Estaba nervioso, estaba muy enojado y había cometido la imprudencia de salir con la pistola. Hacía unos meses cuando casi le dispara a otro hombre se había prometido no salir más con el arma, pero no sabía que impulso lo había llevado a tomarla nuevamente.

Estaba con esos pensamientos cuando vio acercase al compadre. Comenzaron a conversar y de inmediato a discutir.  Felipe le reclamaba como había engañado a su mujer y encima de eso faltaba a su palabra con seis meses de atraso en los pagos. ¿No entendía que él no podía hacerse cargo de esa deuda y que si no pagaba perdería su terreno que era lo único que tenía? Fue entonces cuando el compadre le dijo que lo sentía que su negocio había quebrado con la crisis y que en verdad no podía pagarle el dinero que le debía ni la hipoteca, sabía que lo había hecho mal, pero no sabía que hacer. Felipe lo miró con cara de asesino, se agarró la pistola que llevaba en el bolsillo y le dijo: “Hoy te voy a matar desgraciado!!!”, se levantó del asiento y sacó la pistola y le apuntó al compadre.

Entonces lo escuchó con una voz que salía de ultratumba: “Pero estas loco!!!” sus ojos parecían salirse de las orbitas, vio las gotas de sudor que le corrían por la frente y apretó el gatillo. En su mente solo escuchaba una voz que le decía: “Dispara, métele 10 balazos a ese desgraciado”.

De repente desvió un segundo la mirada y vio un niño de diez años que estaba a unos dos metros, que lo miraba más asustado que el compadre. En ese momento volvió en sí, miro a su alrededor y vio como había un silencio de sepulcro en el área, todos lo miraban aterrorizados,  y entonces se dio cuenta de la locura que estaba a punto de cometer. Bajó el arma, la guardó en el bolsillo y dos lagrimas se deslizaron por su rostro.

miércoles, 23 de mayo de 2012

La puerta

Miré la puerta, era la misma puerta que había estado allí siempre desde que el carpintero la
dibujó en sus sueños. Completa, de madera, la miro y me estremezco. La miro y tengo miedo.

Escucho su sonido, creo que habla, que me llama, desde dentro de sus entrañas. Esas que un
día fueron semilla, raíz, ramas y luego bosque, para convertirse en lo que simplemente es: una
puerta.

Una puerta que tengo miedo de abrir, porque detrás de ella, de las entrañas ahora muertas, se
esconde aquella vida, que me duele, que revive la historia, mi historia, la de aquel árbol, que el destino ahora reúne, su historia con la mía.

Historias de injusticias, de muerte, de dolor. Cuando sin desearlo ni quererlo nos cortaron las
ramas, las raíces, y creímos que allí terminaba todo, la vida, la muerte. Pero él, surgió de nuevo hermosa, ya muerta pero viva, protectora, cuidadora. Y ahora ya hecha puerta me protege de mis miedos.

Porque sé que si no abro la puerta, si no escucho su sonido, si no hago caso a su llamado,
podré seguir mi vida y olvidaremos ambas su historia y la mía.

jueves, 17 de mayo de 2012

Mentiras


Desde sus años de colegio y universidad, siempre que podía hablaba mal de sus compañeros para congraciarse con los profesores, todos sabían de lo que era capaz y por eso no tenía prácticamente amigos. Todo eso poco le importaba, estar en lo mas alto era lo único que lo hacía feliz. Había logrado graduarse con honores  de abogado y era en realidad un buen profesional.

Pronto llegó a tener su propio bufete de abogados, trabajaba de forma excelente y comenzó a ganar fama y ser un hombre de éxito. Pero llegó el día en que no se conformó con lo que tenía y quiso tener más. Entonces con su fama comenzó a ir donde los posibles clientes y sin ningún tipo de ética mentía sobre sus colegas para ganarse los, otras veces le ofrecía dinero para que lo contrataran. Muchas veces logró su objetivo de hacer daño.

Entonces ocurrió algo extraño cuando llegaba a su oficina y trataba de hacer los trabajos que le encargaban no podía recordar como hacerlos. Se envolvió tanto en sus mentiras que olvidó como se hacían las cosas y lo que era verdad. Para salir del problema siguió mintiendo y comenzó a inventar informes y documentos.

Pronto alguien descubrió que lo que había escrito eran solo mentiras y se lo dijo a todos, lo publicó en el periódico y lo demandaron por estafa y engaño. Perdió todo lo que tenía y hoy vaga por las calles preso de sus mentiras, dijo tantas que se olvidó hasta de su propia realidad.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Palabras para mi

Pasaba por un momento difícil de mi vida, debía tomar una decisión trascendental que probablemente cambiaría el curso que llevaba hasta ese momento, podía decir que estaba en un momento de depresión.

No me gustaba esa palabra, porque olía a pastillas y a psiquiatra, pero mientras más analizaba los síntomas que tenía, más me convencía que estaba en el inicio de una “Depresión”; el mal actual del hombre en esta edad moderna, yo que siempre me había ufanado de que nunca caería.

En esas estaba cuando me encontré a la salida de la oficina con un amigo, le dije que necesitaba conversar con él. Pensaba que hablando con alguien podía salir del lodazal en el que andaba metido, aceptó con gusto pero me dijo que primero lo tenía que ir con él a ver a un amigo que estaba muy enfermo.

Ante la necesidad que sentía accedí a acompañarlo. Llegamos a la clínica y me di cuenta de que la persona estaba en estado terminal, a pesar de que parecía estar aún en sus sentidos porque, aunque muy bajo, hablaba y seguía la conversación. Nos acercamos silenciosos a la cama. Mi amigo comenzó a hablar con él y me presentó, el hombre me ofreció su mano y la apretó fuerte y lo escuché decir: “no te preocupes, aún te faltan muchas cosas más por vivir y experimentar en tu vida, pero todo saldrá bien”.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo, porque en realidad yo no conocía aquel hombre, nunca lo había visto, y él no estaba supuesto a saber nada de la situación que yo atravesaba. Me soltó lentamente la mano y yo me alejé de la cama y lo dejé conversando un rato más con mi amigo.

Luego salimos de la habitación y partimos a tomarnos un café pero sentía que ya no tenía deseos de conversar nada, la frase de aquel hombre me había impactado tanto que solo quería irme a casa y estar sólo. Con alguna excusa le conté cualquier tontería a mi amigo y rápidamente me despedí de él.

A partir de ese momento poco a poco fui armándome de una coraza y logré salir de ese momento, comencé a ver la vida con mas optimismo y a valorar cada cosa que ocurría en mi vida. A cada revés le encontraba algo positivo y toda la tristeza interna que tenía fue desapareciendo, cuando la pena asomaba en mi corazón recordaba las palabras de aquel hombre.

Unos meses después cuando ya todo pertenecía al pasado volví a encontrarme con mi amigo, me contó que el hombre finalmente había muerto. Y en ese momento me animé a contarle mi experiencia y lo que había ocurrido después de la visita a aquel hospital. El sonrió, pero vi en su risa algo de burla, y cuando le pregunté porque se reía me dijo, que aquel hombre durante toda su vida, cada vez que conocía a alguien le decía esa misma frase, era su forma de saludar a las personas.

No supe si creerle o no, porque estaba convencido de que esas palabras llegaron a mi vida, en el justo momento en que yo las necesitaba y la única explicación que encontré fue que una fuerza superior habían intervenido.